Para atrapar una estrella
- Ivan A. Salazar M.
- hace 5 horas
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por Ivan A. Salazar M.
La ciudad exhala bajo m×una maraña de arterias
encendidas por neón febril, su horizonte urbano
roe la oscuridad. Pero esta noche, el cielo se resquebraja.
Meteoros caen como costuras deshechas, hilos de un universo
que se deshilacha en la negrura. Cuento cada fractura, cada latido
de luz que nace y muere en un parpadeo.
Este cuerpo, un aliento prestado, se inclina sobre el frÃo barandal.
Palmas abiertas, como si el aire pudiera sostenerlas:
estrellas que caen, ceniza de hogueras ancestrales.
Escriben sus historias en arcos demasiado veloces para nombrar—
una gramática de ausencia, de todo lo que arde
y no se consume.
Abajo, las calles palpitan con su inmortalidad ordinaria.
Luces de coches fluyen, ciegas al colapso de lo alto.
Pero yo mido el tiempo en el vacÃo entre un destello y otro—
cómo el brillo se ahoga a sà mismo, cómo la noche
sella cada herida.
Alcazo. No para capturar, sino para sentir el calor de su partida.
El viento atraviesa mis dedos, cargado de diesel y ozono.
¿Qué es una estrella sino un adiós hecho visible? ¿Qué es esta vida
sino la sombra que proyecta al caer?
Dicen que el cielo no olvida nada. Que hasta el polvo
recuerda su nombre. Asà que permÃteme ser esto:
testigo de la grieta, del casi-abrazo. Que el asfalto guarde
sus himnos muertos. Yo aprendo a amar lo inrespondible—
la forma en que la luz, al morir, se convierte en una especie
de llegada. Cómo la tierra, en silencio, recoge lo que perdura.
Esta noche, el cielo vive de resquicios.
Esta noche, soy la herida y el susurro.
Soy lo que dura, y lo que no se queda.