Fronteras y decolonizadores
- J.D. Isip
- 5 ene
- 1 Min. de lectura
por J.D. Isip
traducido del inglés por Yulia Monrroy López
para Chris González
Los guardianes más entusiastas de las fronteras son quienes profesan odiarlas. En los espacios académicos que llegué a habitar por accidente, cuando mostré interés por una obra, un autor o una teoría, se me advirtió que ya estaba pasado de moda. Por ejemplo, ya nadie habla del realismo mágico. Se acabó la época de analizar animales que cobran vida entre las nubes. Olvídate de Shakespeare. Tu propósito es aprender lo que surgió tras descifrarlo, me dijeron. Me temo que nunca llegaré a saber nada del infortunado Yorick. Cualquier cosa que debas decir o preguntar acerca de raza, género, políticas o religión, ya se ha dicho (también se me instó a no usar expresiones obsoletas). Que idea tan ridícula, me dijeron, querer volver a visitar la tesis de Turner sobre la frontera, una visión condescendiente de la historia y el progreso de parte de los colonizadores. Frente a ello, mi interrogante es: si no puedo analizarlo, ¿cómo podría llegar a tal conclusión? Nadie te esta deteniendo, dijeron, antes de preguntar a (blancos) otros si tenían una (mejor) pregunta (más) relevante a la conversación en cuestión. Además, este debate habría comenzado hace un siglo. ¿Cómo es que mi piel morena e ignorante se atreve a preguntar eso y a cuestionarlo? Siempre hay un alma caritativa dispuesta a recordarme que ya conquistaron mi naturaleza salvaje. Que ayudaron, con nobleza, a calmar mi ignorancia violenta, primero con el discurso de Marx y luego con otras invocaciones mágicas.




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